Lecturas Fin de Semana de El Tiempo - Sábado 29 de septiembre de 2007
Este cura creó y mantuvo una de las iniciativas más importantes de uso de nuevas tecnologías y educación que se han hecho en el mundo.
Hace 60 años, en un pueblito boyacense olvidado de Dios, un curita desgarbado y flacuchento, recién salido del seminario donde lo echaron y recibieron luego dos veces por leer a escondidas a Marx y Engels, libros prohibidos por la Iglesia, desató una revolución, no a punta de bala ni de secuestros, sino a base de programas de desarrollo integral, revolución que él mismo bautizó con el nombre de 'La Revolución de la Esperanza'. El pueblo, Sutatenza; el curita, José Joaquín Salcedo, más adelante conocido como Monseñor Salcedo, 'Monse' para los que tuvimos el honor de conocerlo.
Por estos meses de 1947, este curita descubrió que un invento recién salido al mercado, llamado radio transistor, podría ser la redención de toda una generación de campesinos que vivían aún en un oscurantismo medieval. Le metió un radiecito en la camisa a cada uno y comenzó a transmitir desde una rudimentaria emisora, que bautizó con el nombre de Radio Sutatenza, programas de mejoramiento de prácticas culturales del campo, higiene familiar y desarrollo integral humano.
Fue este el inicio del primer experimento en América Latina de la Educación a Distancia mediante el uso de tecnologías modernas, hoy llamadas del Mundo Digital. Educó y capacitó a más de 4 millones de campesinos, que de otra manera estarían hoy arando aún el campo con yunta de bueyes.
Radio Sutatenza llegó a ser la red de emisoras más potente y extensa de Colombia en los 70 y comienzos de los 80. Y el curita desgarbado llegó a ser uno de los visionarios más importantes e influyentes del Continente, consejero personal de dos Papas y de presidentes, desde Lleras Camargo hasta Belisario Betancur.
Fidel Castro, que comprendió a este curita de figura tan quijotesca, no solo en apariencia sino por sus sueños por un mejor vivir para los desamparados del mundo, lo invitó varias veces a que fuera a Cuba para que implantara allí sus sistemas. 'Monse' declinó sistemáticamente hacerlo aunque quizás hubiera sido el mejor preparado para poder desafiar intelectualmente a semejante revolucionario. Sus estudios a hurtadillas de Marx, Engels, Hegel y Kant lo habían preparado mejor que a ningún otro religioso de la época para rebatir de igual a igual estos temas con Fidel. Los comunistas de Colombia, cuando comprendieron que este curita les estaba arruinando su milagrito revolucionario campesino, resolvieron ponerle una bomba a su casa. Solo se salvó de morir porque el avión en que venía de regreso a Bogotá llegó tarde y no pudo llegar sino para encontrarla destrozada.
Emigró a Nueva York y, quién creyera, aterrizó en manos de David Rockefeller, quien con Julio Mario Santo Domingo y Gustavo Cisneros participaba de la Fundación Simón Bolívar, la del verdadero espíritu de nuestro prócer y no la parodia actual. Se dedicaron a irradiar a otros países de América Latina la filosofía de Radio Sutatenza.
Convencieron al BID y otras instituciones de crear mecanismos de crédito e inversión para estos programas. Pero las burocracias internacionales fueron paquidérmicas y poco avanzaron. Convenció entonces a Patricia Cisneros y a José Álvarez Stelling en Caracas de que expandieran desde el sector privado un programa parecido en su organización, llamada ACUDE.
Conocí a 'Monse' en 1982. Felicitaba yo un día de mayo a Nicholas Negroponte en MIT por su nombramiento para dirigir el Centro Mundial de la Informática en París por parte del presidente Mitterrand. Vio, de repente, que tenía en mi maletín el libro de Alvin Toffler, 'La tercera ola'. Me comentó que varios apuntes del libro fueron fruto de su visita al proyecto Urban 5, que Nicholas dirigía en esos días. Igualmente me comentó que, paradójicamente, Toffler le había hablado de un cura en un país llamado Colombia que manejaba un proyecto fascinante de educación campesina al que visitó y que le sirvió igualmente para varios de sus capítulos en el libro.
A los pocos días le comenté al ex presidente Misael Pastrana en Miami acerca de Nicholas, de Mitterrand, del Centro Mundial, de la 'La tercera ola', de Toffler, del curita y de lo que esto significaba, es decir, el incorporar a los niños del mundo a la economía del conocimiento. Pastrana me dijo que conocía y admiraba a 'Monse'. Me recomendó conocerlo. Mi sorpresa fue mayúscula al recibir tres meses más tarde una llamada de Palacio del recién instalado presidente Betancur para que le contara del programa. Pastrana le había pasado la voz. Cuando menos pensamos estábamos metidos hasta la coronilla con el Centro en París y, luego en Colombia, cooperando con el programa de educación a distancia de Betancur, Camina. Y dentro de este programa el tema de Sutanteza figuraba prominentemente como punto de partida. Me buscaron acercamiento con Monseñor y terminamos conociendo Nicholas y yo a este curita -quién lo creyera en Miami. Fuimos invitados a un simposio que organizó para la gente de Acude, donde replicaba lo de Radio Sutatenza y Camina. Nicholas fue su orador principal.
Comenzó así una amistad que duró hasta el momento de su muerte en 1994. En una de mis visitas a su oficina vi, para mi sorpresa y enmarcada en la pared, la carta de Toffler a Monseñor expresándole su admiración por lo que había visto en su visita a su proyecto. Quién lo creyera. Su sueño de Radio Sutatenza se afectó por intereses políticos poco claros, que erosionaron desde los 70 el apoyo financiero gubernamental. Terminó siendo vendida a Caracol pocos años más tarde por una suma muy pequeña. La ausencia física de Monse y la politiquería de nuestro país fueron más efectivas y fatales que la oposición marxista.
Radio Sutatenza y monseñor Salcedo fueron una misma cosa. El hablar del uno sin mencionar el otro es dejar la historia huérfana. Antes de morir, en su lecho de enfermo, me llamó para regalarme un cuadro de Don Quijote que tenía a su lado. Creía que yo podría tomar su bandera y proyectarla al futuro con Nicholas. Lo que estamos haciendo en este momento con el programa Olpc o 'Un Laptop Por Cada Niño' es, en realidad, rendirle homenaje a su visión proyectando hacia el siglo XXI su 'Revolución de la Esperanza'. El laptop es el radio transistor y el Internet, su Radio Sutatenza.Hace 60 años, esa planicie boyacense resultó finalmente no haber quedado tan olvidada por Dios. Le envió a su mejor emisario, monseñor José Joaquín Salcedo, para que la redimiera.
Por Rodrigo Arboleda H.
Académico, Media Lab, MIT